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Jueves 20 de Febrero de 2020

Por Fernando Viano

Panorama político de la semana

Diciendo y haciendo

En un país en emergencia económica, la acción cotiza en alza y en este sentido se vienen moviendo el gobernador Ricardo Quintela y todo su equipo. La necesidad de atender a los más vulnerables marca el rumbo en los primeros días de gestión.

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Que la Argentina está en emergencia no es, a esta altura de las circunstancias, ninguna novedad. Mucho menos que el camino que se deberá recorrer para vislumbrar atisbos de luz puede resultar tan extenso como tortuoso. Pero por algún lado se debe comenzar. Y la política, en este punto, se torna definitivamente clave, mucho más en un contexto de marcada incertidumbre, propio del debut de un nuevo Gobierno nacional, con signo claramente opuesto al que rigió los destinos del País en los últimos cuatro años. 

Fue en ese marco, precisamente, que el Congreso sesionó casi dos días de corrido para aprobar la megaley de emergencia impulsada por el presidente Alberto Fernández. El cuadro de situación es dramático y extremo en la práctica, real y también como antecedente. 

La emergencia declarada por el Senado en la madrugada del sábado representa en rigor media docena de emergencias (económica, previsional, social, tarifaria, sanitaria y energética), en una Argentina que entre 1989 y 2002 aprobó tres emergencias, la última de las cuales se extendió durante 16 años. 

Ahora suma la cuarta, con dos cuestiones a destacar: una delegación de poderes al Presidente que seguramente puede ser considerada como una de las más amplia de la historia, y un eje sensible, que es la suspensión de la movilidad jubilatoria, hecho que abrió inmediatemente un sin fin de debates.

Pero más allá de los planteos de fondo, entre los que se señala que lo aprobado es un nuevo ajuste sobre distintos sectores de la sociedad por la vía de la imposición de gravámenes y suspensión de derechos adquiridos, el espíritu de la ley no debe ser soslayado. Desde el máximo nivel del Gobierno nacional, la solidaridad es resumida como el esfuerzo que deberían hacer los que más tienen para dar una respuesta urgente a los sectores más castigados por la crisis económica y social, en un sentido verdaderamente amplio y que ya había sido anticipado durante toda la campaña que llevó, finalmente, al Frente de Todos a la Casa Rosada. 

La emergencia requiere de acción. El decir requiere de hacer. Y el margen respecto del abismo es evidentemente estrecho, con lo cual la aprobación de la Ley de Emergencia (también llamada de Solidaridad) no sólo viene a marcar un puntapié inicial en la intención del Gobierno nacional de poder comenzar a revertir la dramática coyuntura, sino también ratificar a Alberto Fernández en la dura negociación que se dio en el Congreso entre oficialismo y oposición, como hacía tiempo no ocurría. 

Y no pudieron ser mejores, en este sentido y para el sector oficialista, los estrenos de Sergio Massa y Cristina Fernández de Kirchner como presidentes de la Cámara de Diputados y Senadores respectivamente. 

No obstante, y en rigor de verdad, lo aprobado en la madrugada del sábado fue el epílogo de una semana marcada por la intensidad en materia política, tanto a nivel nacional como provincial. 


Reactivación

Un dato no menor, en este contexto, fue el acuerdo que firmaron los gobernadores de provincias con el presidente Alberto Fernández, mediante el cual se dejó en suspenso la vigencia del Pacto Fiscal (firmado en 2017 y sus modificatorias de 2018), con el objetivo de fortalecer las autonomías provinciales a través de la modificación de los compromisos asumidos entre el Estado nacional y las jurisdicciones. 

El gobernador Ricardo Quintela fue uno de los 22 mandatarios que firmó la adenda que tiene como fin paliar los efectos de la era macrista que deterioraron la coparticipación, al subir el piso de Ganancias y al eliminar el IVA a los alimentos de la canasta básica. 

Previamente, el propio Quintela había realizado importantes anuncios en la Provincia, consecuentes todos ellos con lo planteado a lo largo de la campaña y teniendo en cuenta, fundamentalmente, la situación de los sectores más vulnerables en La Rioja, buscando reactivar una economía prácticamente estancada. 

Entre otras cuestiones, el mandatario provincial resaltó que se implementará una moratoria en cuotas sin interés para que los clientes domiciliarios de energía eléctrica puedan saldar su deuda, generada a partir de los fuertes y constantes incrementos autorizados por el Gobierno nacional anterior, así como también una nueva modalidad del Te Super Banco (el programa que la Provincia lleva adelante junto al Banco Rioja) que ampliará sus beneficios con sus variantes Fiestas, Te Super Cuida y Te Super Banco bares en serio. Quintela anunció además la adhesión al plan nacional AlimentAr y la cena de Noche Buena y Año Nuevo para Tarjetas sociales que dependen del Ministerio de Desarrollo, Igualdad e Integración Social.

En todos los casos, el Gobierno provincial está apuntando -tal como lo hizo saber en su momento, previo a la elección de octubre- a aquellos sectores que resultaron más perjudicados por las políticas económicas de Cambiemos y que profundizaron sustancialmente las carencias, causando además serios parates en el desarrollo provincial, con graves consecuencias para los sectores productivos y con pérdidas de fuentes laborales en el Parque Industrial y en la actividad privada. 

"Nuestra visión de gobierno está clara. Estamos decidiendo empezar por los más vulnerables, por los que peor la pasaron estos cuatro años. Creemos firmemente que el derrame que tiene que haber en la economía local es de abajo hacia arriba, que si ayudamos a los sectores más vulnerables tendemos a paliar la emergencia social que vive gente sin casa, que no come todos los días, que no puede pagar la boleta de la luz", aseguró Juan Luna Corzo, flamante Jefe de Gabinete en una entrevista exclusiva con NUEVA RIOJA. 

Esa expresión del funcionario provincial resume a la perfección la idea del quintelismo en su totalidad, que se viene materializando en todos los niveles. 

De allí que no resulte extraño que el Gobernador y sus funcionarios mantuvieran reuniones a diario con representantes del Gobierno nacional, tal como ocurrió con el jefe de Gabinete Santiago Cafiero y el ministro de Economía Martín Guzmán, buscando garantizar no sólo los recursos para el 2020 que permitan afrontar los compromisos económicos de la Provincia, especialmente en lo que respecta al pago de sueldos correspondiente a diciembre, y que debe abonarse los primeros días de enero, sino también apuntando a que se destraben los fondos que quedaron pendientes de los años 2018 y 2019.

Otro de los encuentros del mandatario provincial fue con el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas y con los titulares de Agricultura Adrián Basterra, y de Ambiente, Juan Cabandié. 

Al primero se le planteó la necesidad de aplicar medidas que permitan el desarrollo de la economía local, tales como una compensación en los costos de la energía eléctrica (cuestión que nunca pudo ser resuelta con el macrismo), la instrumentación de algún programa como el REPRO o en lo que tenga que ver en el corto plazo, con los costos de logística de la energía. 

Al segundo se le presentaron diferentes proyectos con los que cuenta la Provincia, relacionados con la captación, conducción y distribución del agua, enmarcados en un plan de obras hídricas que van a permitir cambiar la matriz productiva. Y al tercero cuestiones que aún quedan por resolverse, como la planta de tratamiento de residuos domiciliarios en los distintos departamentos, la terminación del proyecto para el tratamiento de los efluentes industriales de la curtiembre ubicada en Nonogasta y la situación de los residuos sólidos en la ciudad Capital.

Pero sin lugar a dudas -y volviendo ya al territorio provincial- que el anuncio más importante en materia social fue el que Gobierno provincial dio a conocer respecto del adicional de cuatro mil pesos que se otorgará a los beneficiarios de la Tarjeta Social Provincial, dependiente del Ministerio de Desarrollo, Igualdad e Integración Social y a los 2.500 beneficiarios de la Tarjeta Social del Municipio de la Capital (entre una y otra, 18 mil beneficiarios en total). 

En este punto, el mandatario riojano afirmó que este adicional tiene el objetivo de aportar a la mesa de la Navidad y Año Nuevo de las familias beneficiarias de toda la Provincia, priorizando a las personas con mayor vulnerabilidad social y sin hacer distinciones con respecto a la dependencia institucional de cada programa.


Gesto

El dato respecto de dejar de lado la distinción de dependencias no es menor. En absoluto. A la par del anuncio para los beneficiarios de la Tarjeta Social Provincial y del Municipio de Capital se suma otro gesto digno de destacar y que tiene que ver fundamentalmente con el respeto por la institucionalidad, mucho más si se tienen en cuenta los antecedentes más próximos. 

Una vez más, el gobernador Ricardo Quintela y la intendenta Inés Brizuela y Doria se mostraron juntos y acordando, en este caso, la transferencia de 13 millones de pesos para el pago de los agentes del Programa de Empleo Municipal (PEM), sector que supo ser foco de conflicto a lo largo de toda la gestión de Alberto Paredes Urquiza.

Fue la propia Brizuela y Doria la que resaltó la "disposición y sensibilidad" de Quintela, al tiempo que resaltó que lo puso al tanto también de la situación por la que atraviesa el Municipio de la Capital, especialmente en las áreas más sensibles, como el Parque Automotor y las áreas de Servicios Públicos en general. Y es que si de emergencia se trata, el Palacio Ramírez de Velasco es un verdadero muestrario. 

No por nada, y en decisión unánime del cuerpo -como no ocurría hace mucho tiempo- el Concejo Deliberante capitalino declaró la emergencia económica, administrativa, financiera, sanitaria y ambiental por el plazo de 180 días. 

Lo que se espera, de aquí en más, es que los vecinos comiéncen a notar algunos cambios, muy especialmente en los servicios esenciales que debe prestar el Municipio, como la recolección de residuos o el bacheo, y que la Ciudad deje de ser, de una vez por todas, tierra de nadie.


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