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Viernes 01 de Julio de 2022

Entrevista

En clave de ópera

Con dilatada trayectoria en el género, ocupa un lugar de privilegio, conquistado en base a una meticulosa preparación y un talento innato. Silvana D'onofrio es actualmente la única mujer dirigiendo ópera en el país. Pero es, también, huella en el camino de la igualdad que se construye en base a los sólidos fundamentos que la acompañan y determinan en lo cotidiano.

12-5-2022 18:30
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Por Fernando Viano


Cavallería Rusticana es uno de esos clásicos que atraviesan todos los tiempos y que llegan hasta este hoy para insertarse en un cotidiano voraz, en el que las estructuras de tiempos remotos -algunas aún llamativamente en vigencia- entran en jaque. El convite a la reflexión y a poner la mirada de manera incisiva en un mensaje que, como tal, debe ser especialmente atendido, encuentra en el arte un punto de inflexión para temáticas esenciales como el género y los espacios de poder que viene a establecer, además, una cuestión paradójica en si misma, teniendo en cuenta que la ópera ha sido (y lo es aún, mayormente) un espacio destinado casi de manera exclusiva a la visión directriz masculina. Justo allí, en medio de ese enjambre de tradiciones y costumbres preconcebidas, a las que se suman otros tantos prejuicios históricos, una mujer se abre paso a fuerza de talento innato, constancia inquebrantable y la premisa de decir, como una herramienta siempre precisa a la hora de torcer los designios de un destino en la mayoría de los casos impuesto.

Silvana D'Onofrio estará ejerciendo nuevamente este viernes 13 de mayo su rol de Directora Musical de una de las obras emblemáticas del Verismo Italiano que tuvo su estreno días atrás en el Teatro Empire, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. De pie, allí, frente a la monstruosa estructura que supone el armado de una ópera de esas características, puede que probablemente ni siquiera lo note, pero estará escribiendo una vez más un nuevo capítulo para una historia que la tiene como protagonista esencial, en un contexto a todas luces complejo, más allá de los vientos de cambio de los que también forma parte. Alguien le recordará, entonces, que es la única mujer en el país dirigiendo ópera y ella, lejos de contentarse con ese dato esclarecedor, pensará que "es una gran injusticia". 

Nacida en Buenos Aires, Silvana D'Onofrio completó sus estudios musicales en el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla, de donde egresó con los títulos de Profesora Artística de Piano y Dirección de Orquesta, siendo además la primera alumna en egresar de esta institución dirigiendo una ópera: Dido y Eneas de Purcell, que años más tarde (el año pasado, para ser más precisos) sería la primera obra en ser estrenada, también bajo su dirección, en tiempos de pandemia. "Teníamos la necesidad de encontrarnos a hacer música. Era tan así que los cantantes ensayaban con el barbijo puesto y no se quejaron jamás", contaba por aquel entonces Silvana. Hoy, al frente de la superproducción de Cavallería Rusticana, se propone narrar la trágica situación de las mujeres (Santuzza, Lola y Mamma Lucía) que solo pueden obedecer a lo que la sociedad de la época y las creencias religiosas imponen sin poder revelarse. En la previa al estreno, y en diálogo con 1591 Cultura+Espectáculos, D'Onofrio trazó las coordenadas de su GPS artístico, un derrotero que persigue un fin determinado y que, en el andar, va marcando las huellas para quienes quieren ser parte del camino del cambio, no por el cambio en sí mismo, sino por la construcción de un universo en el que la igualdad se alcanza y es una realidad factible en base a los sólidos fundamentos que la acompañan y determinan.


¿CÓMO TE ESTÁS PREPARANDO PARA EL ESTRENO DE CAVALLERÍA RUSTICANA? ¿QUÉ SENTÍS EN ESTAS HORAS PREVIAS?

Mucha ansiedad, mucha emoción. Mucho resolver todo, porque es una obra enorme. Para una compañía independiente y para un teatro independiente es complicado. En nuestros espacios todos hacemos todo, entonces todos nos multiplicamos para poder llevar adelante este proyecto tan grande. Pero feliz, porque es un hermoso trabajo.

ES UN MONTÓN IMPRESIONANTE DE GENTE, ¿CÓMO SE HACE PARA MANEJAR TODA ESA ESTRUCTURA?

Yo no siento que haga nada extraordinario; sí me vinculo mucho con todos: con el coro, con los solistas, tengo un trato personal con cada uno. Y yo siento que tengo el compromiso de ellos, de sumar, de hacer lo mejor, no tengo que andar persiguiendo a la gente para que haga las cosas. En general todos se ponen a colaborar porque entienden cómo es el proyecto. Cuando vos ves la puesta, parece una puesta profesional, pero en realidad está todo hecho en forma independiente.  

LA PANDEMIA PLANTEÓ UNA SERIE DE DESAFÍOS, ESPECIALMENTE EN LO QUE A EXPRESIONES ARTÍSTICAS RESPECTA Y MUY ESPECIALMENTE EN RELACIÓN A PUESTAS EN ESCENA COMO ESTA ÓPERA. DIDO Y ENEAS FUE LA PRIMERA OBRA ESTRENADA EN PANDEMIA Y AHORA ESTA NUEVA APUESTA. ¿EN CUÁNTO HAY QUE PENSAR ANTES DE TOMAR LA DECISIÓN DE HACER UNA PUESTA DE ESTAS CARACTERÍSTICAS?

En realidad, pienso primero en el deseo que tengo respecto de la obra; no hago obras que no tenga ganas de hacer. Luego pienso en si puedo tener a la gente con la que yo quiero trabajar. Voy llamando, proponiendo el proyecto y si veo que armo el equipo, ahí salimos. Armar el equipo me lleva tres o cuatro meses, hasta que digo 'voy a tener los solistas que quiero, puedo juntar a la gente del coro con la que a mi me gusta trabajar', porque más allá de la cuestión musical uno tiene que armar un grupo que funcione humanamente; eso cuando hay mucha gente es fundamental. Entonces si logro armar el equipo ahí salimos y no importa si es muy chiquitita la obra o si es Cavallería Rusticana que en algún momento vos decís...¿podré, no podré?

¿POR QUÉ ELEGISTE ESTA ÓPERA? 

Hace muchos años que quería hacer Cavallería y siempre tenía la sensación de que no estaba a la altura de la obra, que me faltaba recorrido para abordarla, y el año pasado dije este el momento, tengo los cantantes, para hacerla, tengo el coro, que armar el coro es una cosa muy difícil. Me había quedado un muy buen coro de Dido y Eneas y dije 'tengo este coro, tengo que aprovechar este momento'; tenía una base importante que me permitía hacerlo. Aparte creo que a esta altura tengo la madurez del recorrido, la madurez intelectual para abordar la obra y todavía soy relativamente joven para poder hacerlo, porque es una obra que implica mucho desgaste físico. Hago la Dirección Musical, pero de repente hay que comprar las telas para el vestuario y me voy con la vestuarista a comprar las telas para el vestuario. Hay que estar en muchas cosas.

EN ALGÚN MOMENTO SEÑALASTE QUE "EL ARTE NARRA LA HISTORIA Y NOS INFLUENCIA SIEMPRE DE MANERA POSITIVA" Y MARCASTE TAMBIÉN QUE "EL ESTUDIO DE UNA ÓPERA ES MUCHO MÁS QUE LA MÚSICA, ES ENTENDER PROCESOS SOCIALES Y CULTURALES", ¿QUÉ SENTÍS QUE ESTA OBRA PUEDE OFRECER AL PÚBLICO EN ESTE MOMENTO DE NUESTRA HISTORIA Y FRENTE A LOS PROCESOS SOCIALES Y CULTURALES POR LOS QUE ATRAVESAMOS?

De esta ópera en particular he visto muchas puestas muy hermosas, y hasta hace algunos años tenía esta cuestión de que tenías a Santuzza que era la mujer engañada, que era la protagonista buena, y Lola, la engañadora, que era la antagonista mala. Y a mí me parece que con las nuevas corrientes y la nueva mirada que hay sobre la mujer y la mujer en perspectiva, en esta ópera no hay personajes buenos y personajes malos, hay mujeres que viven como pueden y como la época y el contexto social les permitía vivir. De repente tenés a finales del siglo IXX, en un pueblo del sur de Italia, a una mujer que estaba excomulgada porque vivía en concubinato con un hombre; ahora, ese hombre en realidad estaba enamorado de otra mujer que estaba casada y se vuelven amantes porque el amor, más allá de que Santuzza sea una buena mujer, el amor entre Turiddu y Lola es, y ante eso no hay nada que hacer. Y Lola era una mujer joven, cuyo padre en un acuerdo matrimonial la había casado con quien consideraba conveniente, no con quien ella quería casarse. Entonces ella, casada con un hombre que no quería, enamorada de otro hombre, qué hizo, tuvo un amante. No tenía la opción de dejar al marido e irse con su amor, eso no existía. Entonces, de algún modo los personajes, femeninos y masculinos, obran en ese contexto y como pueden. Porque también la cuestión de los hombres de dirimir a cuchillo el honor era algo impuesto. El hombre tenía el deber de defender su honor a cuchillo. Es una narrativa de ver cuál era el contexto en que las sociedades debían funcionar. Aparte esta obra transcurre en el día de Pascua, con todo el peso simbólico de la religión, Me parece que cuando vos entrás en el mundo de la ópera, entrás a contar no la minucia del engaño, sino ese combo social en el cual los personajes funcionan y que nos permite entender de dónde venimos.