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Viernes 03 de Diciembre de 2021

Por Por Germán Kammerath

El boom de internet en los '90: EE.UU., Israel y Argentina, líderes del desarrollo global de Internet

Bill Clinton, Al Gore, Shimon Peres y Carlos Menem, impulsores del avance tecnológico. Repasá todos los detalles en la nota.

First slide

La llegada al gobierno de EEUU de la fórmula Bill Clinton-Al Gore coincidió con la maduración de la etapa científica y de investigación del gran actor de Internet, que fue la NSF (National Science Foundation). Las raíces de esta innovación provenían de redes como ARPAnet, todas financiadas con dinero para la ciencia, en la búsqueda de conectar a las universidades y los investigadores.

La "privatización" de Internet en 1994, al incorporar a la actividad privada la gestión de la red, le dio un impulso enorme y promovió una disrupción en todas las facetas humanas, las comunicaciones, el comercio, la salud, la gestión gubernamental, la cultura y el entretenimiento.

Clinton y Gore tomaron la bandera del liderazgo del crecimiento de Internet. Gore, en especial, promovió lo que llamó la "autopista de la información", como un concepto que resumía el futuro de Internet.

Argentina fue el primer país de Latinoamérica que se conectó a Internet, el 17 de mayo de 1990, merced al trabajo de científicos argentinos y al apoyo de la cancillería nacional. Ese día se realizó el primer intercambio vía Internet con una universidad de EEUU, marcando un hito en la historia de este servicio en nuestro país.

Clinton y Gore tuvieron la claridad de brindar todo el apoyo para direccionar recursos públicos y atraer la inversión privada en el desarrollo de una gran infraestructura destinada a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, revitalizar la economía y apoyar a las universidades e investigadores para que continuaran con las mejoras de este, en ese momento, innovador servicio. Ambos lideraron claramente la revolución de Internet, que transformó los cimientos de la ciencia, la cultura, la economía y el entretenimiento, creando una "nueva economía".

En el mundo, además de Clinton y Gore, dos líderes, Shimon Peres y Carlos Menem, y el secretario general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el finlandés Pekka Tarjanne, fueron motores en sus respectivos países del avance tecnológico y de la incorporación de la cultura de Internet y las empresas tecnológicas.

Argentina en el Mundo Internet: Menem toma la posta

En medio del torbellino de inversiones que se realizaban en el sector de las telecomunicaciones de Argentina, ya con dos grandes empresas telefónicas, cuatro de telefonía móvil, cientos de cooperativas, comenzaron también a expandirse empresas de trasmisión de datos por satélite, fibra óptica y conexiones inalámbricas. Hubo un shock de inversiones que generó miles de puestos de trabajos, cambios en los hábitos de los usuarios y una oferta generosa de las nuevas empresas punto.com.

En el marco de la actualización de las normas regulatorias por parte de la Secretaría de Comunicaciones, preparando al país para la apertura a la competencia, debí dictar la primera norma que interpretara con claridad que Internet era un servicio de plena y absoluta competencia, a los efectos de destrabar discusiones entre las empresas incumbentes y los nuevos prestadores. Fue la Resolución 92/96, que fortaleció el camino para este boom.

A la Conquista del "Séptimo Continente"

El pensador e historiador francés Jacques Attali escribió en Clarín que "Internet es un séptimo continente" y, en un agudo análisis sobre cómo Europa se estaba atrasando en sumarse al fenómeno de Internet, Attali predijo que Europa, que siempre fue "conquistadora" de muchos continentes como América, Asia, África y Oceanía, estaba perdiendo la batalla de "conquistar Internet" que sería un continente más rico que muchas naciones de la tierra, tendría un PBI gigante, sería el "mercado" de intercambio de bienes, y que claramente estaba liderado por Estados Unidos, con lo cual la moneda de las transacciones sería el dólar y el idioma líder seria el inglés, y que sólo cambiaría en el momento en que los chinos superaran a Estados Unidos.

El presidente Menem tomó la decisión de convertir a Argentina en un "país conquistador", que liderara en nuestra región todas las acciones afirmativas destinadas a que los beneficios de esta revolución tecnológica llegaran a los más humildes y a las regiones alejadas. Así, debían elaborarse las normas que facilitaran estas acciones.

La más relevante de esas decisiones fue el dictado del Decreto 554/97 del 18 de junio de 1997, por el cual se declaró a Internet "de interés nacional", para encolumnar a todos los organismos públicos educativos a incorporarse al uso de Internet y desarrollar un plan estratégico para garantizar el acceso nacional. Dicho decreto fue muy comentado, ya que definió a Internet, hasta ese momento casi no definida, como un "fenómeno autopoietico" es decir un sistema autogenerado, capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo. Asimismo, el gobierno nacional emitió el Decreto 1279/97, que declaró que el servicio de Internet "se considera comprendido dentro de la garantía constitucional que ampara la libertad de expresión, correspondiéndole en tal sentido las mismas consideraciones que a los demás medios de comunicación social".

Como ya explicamos, Menem y la secretaría de comunicaciones fomentaron el enorme stock de infraestructuras y la competencia entre nuevas empresas. Gran cantidad de excelentes empresas de TV cable se sumaron a prestar servicios de Internet, al igual que las cooperativas telefónicas y eléctricas, y muchos prestadores pymes regionales que aprovechaban la desregulación impulsada por el gobierno y la libertad tarifaria, por lo que la oferta de acceso era impresionante.

Internet: declarada de interés nacional

El presidente Menem entendió la dimensión que tomaría el mundo de Internet en un país como Argentina, y que el gobierno debía ser un facilitador poniendo a disposición del sector empresario todos los recursos que permitieran su fuerte desarrollo. Nuevas licencias, nuevas frecuencias, la capacidad satelital del sistema argentino y de los otros satélites, la "marea" de fibra óptica que se expandía por rutas y calles de Argentina o junto a las redes de gas, antenas de los distintos servicios, desarrollarían la infraestructura necesaria para la expansión de esta revolución.

Sin embargo, ¿cómo lograr que los beneficios de Internet llegaran a los más humildes, a las escuelas, a los hospitales o a las bibliotecas? No funcionaría la "teoría del derrame". Era necesario impulsar "acciones afirmativas" para cumplir con tales objetivos. Así, analizamos las primeras iniciativas sociales que se desarrollaban en EEUU y en Israel, que Argentina promovió con su propio perfil. En el caso de Israel, con motivo de la nueva migración de ciudadanos de origen judío que llegaban del este europeo, se implementó un plan social que se llamó "A Computer for Every Child Project". En el caso de EEUU, la National Telecommunications and Information Administration (NTIA) exploraba también iniciativas sociales.

Las acciones afirmativas para el desarrollo de Internet

Frente a ese desafío, y ya recibiendo una lluvia de inversiones que agregaron actores como Techint (asociado con Telmex de México), Goldman Sachs (invirtiendo en Diginet), AT&T, Iplan, Metrored y otras 50 empresas nuevas que efectuaron grandes desembolsos, una marea de antenas y fibra óptica fue desplegada por todo el territorio nacional. Telecom y Telefónica, por su parte, estaban haciendo una tarea extraordinaria en el despliegue de sus inversiones. Las empresas de telefonía móvil y de trunking desarrollaban al unísono también una expansión relevante. Había estabilidad económica y regulatoria y, en especial, consumidores hambrientos de participar de Internet.

Justicia Social de Internet

El gobierno argentino promovió la búsqueda de financiamiento para el acceso a Internet por parte de escuelas, universidades, hospitales, y así llegamos al BID intentando conseguir esos recursos. Pero el proyecto de popularización de Internet no estaba aún en la agenda de ese banco. Participamos en un evento de la UIT en Ginebra; también allí la discusión era muy reciente. Era difícil lograr asistencia internacional.

Luego de estar tranquilos con la enorme oferta de Internet, propuse al presidente dos fuentes de financiamiento para los proyectos sociales: por un lado, la venta de las acciones de Intelsat, la cooperativa satelital panamericana en la que participaba Argentina (que llevó adelante el entonces representante de Argentina en Intelsat, Lic. Mauricio Bossa, y por otro el establecimiento de un sistema de "probation" por el cual las empresas de comunicaciones que hubieran sido sancionadas con multas tuvieran la opción de sustituirlas por aportes de computadoras, equipos, accesorios, video cámaras, impresoras, equipos de telemedicina para una red de hospitales, etc. Lo mas relevante fue encomendar a la Unión Internacional de Telecomunicaciones la gestión de este proyecto y la administración de fondos, para lo cual el gobierno me autorizó a firmar con el secretario general de esta organización un convenio para la ejecución del plan. Era el primer proyecto en el que la UIT se involucraba de manera directa.

El presidente Menem me encomendó, una vez en marcha el plan de "acciones afirmativas de Internet", que informara sobre el mismo a su amigo Shimon Peres, con quien había tenido en marzo de 1997, en Buenos Aires, una importante conversación sobre la revolución tecnológica mundial y el caso específico de Israel, sus alcances, y el acceso popular. Fue así que en una visita a Israel me reuní con él a fin de presentarle las iniciativas argentinas. Shimon Peres cumplió en Israel un rol muy parecido al de Menem. Le tocó llevar adelante el ajuste y la estabilización económica para sacar a Israel de un período de constante inflación y de un modelo de injerencia estatal en la economía.

Visité a Shimon Peres en Tel Aviv en noviembre de 1998, en su oficina de líder de la oposición. En esa ocasión, le presenté el programa [email protected] y lo puse al tanto de las importantes medidas que estábamos tomando. Él declaró luego ante la prensa israelí que Argentina estaba cerrando la brecha del desarrollo tecnológico.

Puesta en marcha del plan

Todas las bibliotecas populares pasaron a tener equipamiento informático con conexión gratuita a Internet de por vida. 1700 clubes, iglesias, villas de emergencia, escuelas, centros educativos y sociales, asociaciones de bomberos, recibieron también todo ese equipamiento, sumándose, como ya describimos, la infraestructura de acceso a TV satelital para escuelas rurales.

Argentina competía mano a mano con Estados Unidos en la calidad de los programas sociales destinados al acceso a Internet, a la informática y al software.

En esos tiempos se estaba ejecutando la estrategia de liberalización de las telecomunicaciones; ese plan del gobierno reguló con grandes resultados la telefonía pública, creando una enorme oferta de inversiones. Los argentinos, acostumbrados a la inaccesibilidad de sus comunicaciones, presenciaron la irrupción de los "locutorios", que ofrecían un lugar confortable, teléfonos, guías telefónicas disponibles. Se agregaron muchas extraordinarias empresas que incorporaron PCs con conexión a Internet, con lo cual esos "locutorios" se convirtieron en el "acceso social" a computadoras e Internet por parte de cientos de miles de argentinos a lo largo y a lo ancho del país.

La revolución informática llega a la ciencia

En el marco del programa [email protected], el gobierno incorporó en la agenda la adquisición de una supercomputadora para que estuviera a disposición de la ciencia y la tecnología. Así fue que finalmente se compró, a través de la sustitución de las multas, una supercomputadora Sillicon Graph que llegó a Argentina en 1999. Era la segunda supercomputadora que tenía nuestro país y sus usuarios gratuitos serían los más de 20.000 investigadores de la comunidad nacional, con 40 procesadores que funcionaban en paralelo. Este equipo era de los más modernos del mundo. Era tan moderna la supercomputadora, que la empresa Sillicon Graph y el gobierno argentino debieron pedir al Departamento de Defensa de Estados Unidos una autorización especial dada la capacidad extraordinaria del equipo, que podía tener usos bélicos. A la llegada de la supercomputadora, que luego fue bautizada como Clementina 2, el equipo disponible en Ciencia y Técnica ya estaba colapsado. A ese momento, para acceder al supercómputo los investigadores argentinos debían pagar en el extranjero por su utilización. Los usos eran muy amplios: estudios hidrográficos, simulación para centrales nucleares, aviones, prevención de desastres naturales, diseños de avanzada, etc. Fue un gran aporte a la investigación argentina.

Argentina, país tricontinental

El boom de Internet y su masificación generaron un gran ecosistema para el nacimiento de nuevas empresas tecnológicas que irrumpieron en el mercado. El primer "unicornio" argentino nació en Buenos Aires, se llamaba Elsitio.com (1997) y llegó a estar valuado en 1.600 millones de dólares en la bolsa de NY. Si bien fue una mirada de anticipación la de sus creadores, aun el ancho de banda disponible no era suficiente para el uso de Internet con fines de entretenimiento. La empresa Patagon.com, que fue la primera plataforma de información financiera argentina, tuvo un impactante crecimiento, al igual que Deremate.com, Mercado Libre y otras decenas de nuevas empresas puntocom, que se desarrollaron en un tiempo en que Argentina tenía gran apertura comercial, estabilidad económica y un entorno favorable a los negocios.

Siguiendo la lógica de Attali, si efectivamente Internet es un "Séptimo Continente", Menem convirtió a la Argentina en un país "tricontinental".

Pocos líderes del mundo se pusieron al frente de sus países para sumarlos a la revolución tecnológica de la informática, de Internet y del ecommerce.

Bill Clinton, Al Gore, Shimon Peres con su pasión por el desarrollo de las "startups" israelíes, y Carlos Menem, integraron esa "lista corta" de líderes mundiales impulsores del desarrollo de Internet y la revolución tecnológica.


Fuente: Diario 26

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