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Sábado 05 de Diciembre de 2020

Por Fernando Sorrentino

Literatura

Es peligroso arrojar el sombrero al suelo

Retazos de nuestra literatura que podrían haber inspirado al reconocido personaje "El Chavo del 8".

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Me cuento entre las numerosas personas que han disfrutado de las graciosísimas peripecias del El Chavo del 8. Sin duda tenemos presente que, tras sostener algún episodio conflictivo con Quico y con su mamá doña Florinda, en el que era injustamente maltratado, don Ramón, con furioso ademán de desahogo, arrojaba al piso su sombrero y luego lo pisoteaba.

Pues bien, en la literatura argentina yo recuerdo, al menos, dos situaciones similares, debidas a las plumas de Estanislao del Campo (1834-1880) y Ricardo Güiraldes (1886-1927).


El gorro del doctor Fausto

Fausto, la tragedia de Goethe, ha inspirado no menos de nueve óperas. Todas han quedado opacadas por la de Charles Gounod (1818-1893). Se estrenó en París el 19 de marzo de 1859.

El 24 de agosto de 1866 la ópera se puso en escena en el Teatro Colón de Buenos Aires. El texto, en italiano, pertenecía a Aquiles de Laugières y era traducción del libreto francés de Jules Barbier y Michel Carré.

Cuando el socarrón y simpático Estanislao del Campo decidió, en un palco del Colón, la broma (¿pasajera?) de comentar la tragedia goethiana en estilo gauchesco, no imaginó que legaría a la literatura argentina una de sus obras clásicas: Fausto. Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de esta ópera.

El poema de don Estanislao se publicó por primera vez el 30 de septiembre de 1866 en el periódico porteño Correo del Domingo, y con el sucederse de los años fue reeditado innumerables veces en forma de libro.

La gracia esencial de esta parodia consiste en que Anastasio el Pollo cree que la representación teatral pertenece a la vida real y, en consecuencia, con esta convicción se la relata a su amigo don Laguna. Los comentarios ingenuos de ambos paisanos contribuyen al sutil humorismo de un texto que no envejece y que ha gozado de la aprobación entusiasta de, por ejemplo, Jorge Luis Borges.

Anastasio narra (II, 293-300) que el doctor Fausto se queja de los desdenes de Margarita. Su tristeza y su ira van en aumento, hasta que:

"El hombre allí renegó, / tiró contra el suelo el gorro / y, por fin, en su socorro / al mesmo diablo llamó. // ¡Nunca lo hubiera llamao!, / ¡viera sustazo, por Cristo!: / ¡ahi mesmo, jediendo a misto, / se apareció el Condenao!''.


El chambergo del herrero miseria

Sesenta años más tarde (1926), Ricardo Güiraldes construye, en el capítulo xxi de Don Segundo Sombra, prácticamente la misma escena:

"Ni bien Miseria quedó solo, comenzó a cavilar y, poco a poco, jue dentrándole rabia de no haber sabido sacar más ventaja de las tres gracias concedidas.

-¡También, seré sonso! -gritó, tirando contra el suelo el chambergo-. Lo que es, si aurita mesmo se presentara el demonio, le daría mi alma con tal de poderle pedir veinte años de vida y plata a discreción. En ese mesmo momento, se presentó a la puerta 'el rancho un caballero que le dijo: -Si querés, Miseria, yo te puedo presentar un contrato, dándote lo que pedís.

Y ya sacó un rollo de papel con escrituras y numeritos (...)''.

En ambos textos la secuencia de los hechos es exactamente la misma: a) el doctor Fausto y el herrero Miseria se encolerizan; b) arrojan el sombrero al suelo; c) invocan al diablo; d) éste se presenta para pedirles su alma a cambio de algún favor terrenal.


Prudencia mexicana, hiperbole argentina

Vimos que don Ramón, más mesurado, se limitó a una rabieta doméstica, sin mayores consecuencias que un sombrero estropeado.

Según dicen nuestros admiradores latinoamericanos, los argentinos padecemos, con frecuencia, de algún grado de megalomanía y tendemos hacia el extra large: quizá a ambos personajes vernáculos les habría convenido no exagerar las cosas y no invocar fuerzas sobrenaturales que, por desgracia, los llevaron a relacionarse con espeluznantes criaturas del infierno.

De ahí, entonces, que -como consejo a los compatriotas- el cauteloso título de este trabajo sea el que es.


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