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Martes 21 de Septiembre de 2021

Por Gladys Sonia Galleguillo

Voces. Gladys Sonia Galleguillo*

Infancias, primeros aprendizajes y pandemia

En este tiempo de pandemia, de restricción de vínculos con el afuera, donde el encuentro con el otro no familiar se torna peligroso, han cobrado relevancia las tablet, las computadoras, los celulares, aparatos de distinta índole que entretienen por horas y causan estragos en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes.

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Generalmente está instalado en la opinión general que los profesionales de la psicopedagogía trabajamos con niños y niñas de la escuela primaria, pero cada vez con más frecuencia llegan a la consulta padres de niños y niñas que aún no ingresaron en la escolaridad formal o que están en sus inicios. Ya no son solo las maestras las que "derivan", sino que los mismos padres o familiares, ante distintos comportamientos de sus hijos son los que consultan. 

En general ya han pasado por el consultorio pediátrico, pero notan que "algo no anda bien con su hijo". Se ha ampliado también la concepción de aprender. A nadie se le ocurriría decir que un niño o niña comienza a aprender en el jardín de infantes o la escuela primaria. Sabemos que este proceso tiene lugar desde el inicio de la vida y en todo su transcurso. Primero serán los reflejos del recién nacido como respuestas automáticas a estímulos como el de la succión por ejemplo y luego vendrán un sinfín de aprendizajes vinculados con competencias y habilidades que se van construyendo en el vínculo con los otros, consigo mismo y con los objetos y el ambiente que los rodea. 

Entonces nos preguntamos como es que niños sanos desde lo "físico" e incluso "muy inteligentes", presenten problemas en el desarrollo, en el aprendizaje, en el lenguaje, en el control de esfínteres, en la alimentación, en la aceptación de límites, en la socialización, y un largo etcétera.

Son innumerables los factores que pueden estar incidiendo, pero la consulta a tiempo es fundamental, tanto con el pediatra como primer observador externo especializado en el desarrollo, como con otros profesionales vinculados a la primera infancia. 

La condición es que el medico sea el mismo para que pueda hacer un seguimiento del bebé y luego en su etapa de niñez. No sirve cambiar de médico frecuentemente o llevar al niño solo en la emergencia. 

Los otros profesionales pueden variar desde psicólogos, terapistas ocupacionales, fonoaudiólogos, neurólogos, psicopedagogos etc. La clave está en encontrar el profesional que realice un abordaje integral y se haya especializado en primera infancia desde la formación  teórica y desde la experiencia. Cuanto más pequeño es el niño, más aún debe ser abordado por un solo profesional apuntando a la interconsulta e incluso trabajando en simultaneo con los padres para evitar males mayores. 

En este tiempo de pandemia, de restricción de vínculos con el afuera, donde el encuentro con el otro no familiar se torna peligroso, (esto es con los vecinos, los amigos, los compañeros de la escuela, etc.), han cobrado relevancia las tablet, las computadoras, los celulares, aparatos de distinta índole que entretienen por horas y causan estragos en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes.  

La voz humana ya no arrulla, no consuela, no aloja. Es desplazada por sonidos provenientes de pantallas que magnetizan, consolidando monopolios tecnológicos que arrasan con la subjetividad de millones de niños ante la mirada pasiva o atónita de padres y educadores. 

Con ellas se retrasa el habla o se vuelve rara, (hablan como extranjeros si haber viajado nunca a otros países), el juego se vuelve rígido, estereotipado, no hay disfrute, son niños "terribles", no hacen caso, no aceptan un no por respuesta a sus pedidos, niños que se duermen a altas horas de la noche, comen solos y lo que quieren... Son niños cuyos padres están ocupados "en sus cosas", en su trabajo o en la falta de trabajo, en cómo llegar a fin de mes, que hacer frente a las obligaciones que impone la crianza, etc. 

Las políticas de cuidado existen pero no son suficientes, como combatir el hambre, la falta de oportunidades, la falta de cuidados, en un continente empobrecido. Las infancias están siendo vulneradas por múltiples causas. Por falta de atención, por exceso de atención, por abusos de todo tipo, desde el maltrato verbal, físico, psicológico, abuso sexual y otros flagelos, algunos invisibilizados. 

Fortalecer los vínculos familiares, los lazos con los organismos del estado encargados de velar por sus derechos, se vuelve una prioridad. En casa, las medidas son la eliminación en los bebes y reducción del tiempo de exposición a los aparatos en niños, niñas y adolescentes. Priorizar el juego, la lectura en los primeros años, cultivar amistades, construir, crear, dibujar, cantar, hacer ejercicios, son alimentos para el alma. Los quehaceres domésticos pueden esperar, las tareas interminables de la escuela también, la curiosidad, el disfrute, la conversación, el tiempo juntos no tiene precio. El tiempo de la infancia pasa tan rápido, no vale culpabilizarnos por lo que podríamos haber hecho y no hicimos. Vale reconocerlo y cambiar urgentemente de rumbo.-


*Lic. y Prof. en Psicopedagogía / MP 097


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