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Lunes 08 de Agosto de 2022

Por José Narosky

Pensamientos

Exportar ancianos

"Hay quienes no perdonan a los ancianos su vejez", expresa el reconocido escritor con uno de sus clásicos aforismos.

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Leía hace algunos meses un proyecto para crear aldeas para ancianos en algún lugar de nuestro territorio. Y lo asocio con una noticia que leí asombrado hace un tiempo en el diario "La Nación". La extraña noticia proveniente de Japón decía: "El gobierno japonés está desarrollando un plan para aliviar la carga financiera que representa su población de ancianos, alentándolos a que se radiquen en el exterior".­

Claro, leído así parecería una muestra de frialdad. Pero aquí va la explicación del gobierno japonés. Continúo citando: "Nuestros ancianos se beneficiarían enormemente. Como reciben su jubilación en yens moneda japonesa muy sólida, en otros países tendrían un mejor nivel de vida que aquí en Japón".­

Al comenzar la nota aludía a un proyecto de aldea para ancianos en alguna provincia argentina. Pero ahora estamos aludiendo a Japón donde un jubilado percibe un mínimo de casi 1.000 dólares mensuales. Como en Japón la vida es muy cara, en cualquier país extranjero, con esa cifra tendrían un bienestar material mucho mayor.­

Un alto funcionario japonés expresó: "No queremos que esto suene como que estamos exportando a nuestros ancianos...Incluso hemos hecho algunas averiguaciones en países que les asegurarían un alto nivel de vida, como Australia, Portugal, España y Austria". Hasta aquí la noticia.­

Aunque la enviaba una agencia seria como la United Press y provenía de un país tan ordenado como Japón, tengo la esperanza que haya aquí un error, un mal entendido o una distorsión. Quiero aclarar que posteriormente no leí ninguna otra noticia al respecto.­

Hay un elemento esencial que no apareció en la nota de `La Nación': Es el aspecto humano. Podría pensarse que los ancianos tendrían lejos de su patria mayor ventaja económica, al dejar la tierra donde han nacido. Pero ello implicaría siempre alejarse de hijos, nietos, amigos, afectos.­

Ir a otro país -otra provincia en el caso de la Argentina- significa también dificultades de adaptación, en el primer caso y en cuanto a los japoneses también de idioma, que en la edad madura se acrecientan ostensiblemente.­

¿Qué explicación tiene entonces un proyecto como éste?.

Los pueblos orientales siempre comprendieron que respirar no es vivir y que los ancianos también tienen presente. Y aunque fuese voluntariamente, sería como desterrar a los ancianos por el sólo hecho de serlo. Aunque se mejoren sus condiciones de vida. Porque un país lejano y extraño siempre les parecerá una cárcel. Y barrotes de oro no transforman una cárcel en palacio.­

Y vivir lejos de sus afectos, de sus paisajes, de su idioma natal, es decir de sus amores, no lo podrán reemplazar con ningún bienestar material. Además, lo que sobra nunca reemplaza lo que falta.­

El proyecto de deportar ancianos de Japón a otros países, para que vivan "mejor", con mayor bienestar económico, es cuanto menos, inhumano.­

Creo que alejarlos de su medio ambiente es una manera de quitarles el futuro. Y se puede vivir sin presente, pero no sin futuro. Tengo la esperanza que esta noticia se desmentirá y en cuanto a los ancianos, escuchémoslos, porque la experiencia sólo se aprende con la experiencia. Porque hay que vivir mucho para poder decir algo. Y muchos de ellos podrían decirlo.­

Porque recorrieron un largo trecho del camino de la vida y tuvieron que soportar en la muerte de amigos y seres queridos un poco de su propia muerte.­

Este proyecto de un supuesto bienestar que en el fondo implica una especie de desplazamiento, y porque no decirlo, también ingratitud, trajo a mi mente un aforismo que escribí hace tiempo y que dice: "Los ancianos también tienen presente".­


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