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Lunes 08 de Agosto de 2022

Por Ana María Musicó Aschiero

Historia

La segunda invasión inglesa al Río de la Plata

Entre las consecuencias que produjo la victoria sobre los ingleses, cabe destacar que por primera vez prevaleció la voluntad del pueblo por encima de la autoridad real, destaca la autora.

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Hacia fines del siglo XVI al convertirse Inglaterra en la primera potencia naval de su época, obtuvo el dominio de los mares y decidió concretar su vieja ambición de establecerse en el Atlántico sur ocupando el río de la Plata, el estrecho de Magallanes y el océano Pacífico. Prueba de ello lo constituyen la incursión anglo-portuguesa al río de la Plata en 1763 y la ocupación de Puerto Egmont en Malvinas entre 1766 y 1774.­

En su primera invasión a Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, los ingleses fueron derrotados el 12 de agosto de 1806, pero pese a la capitulación con las fuerzas españolas, la flota británica continuó fondeada en el río a la espera de refuerzos solicitados a Inglaterra para persistir en su objetivo.­

Así arribaron al Plata numerosos efectivos al mando de los Generales Samuel Achmuty y Juan Whitelocke, este último con el título de "gobernador y comandante en jefe de las fuerzas británicas en Sudamérica". Reunieron 12.000 hombres, 20 naves de guerra y 90 transportes, con los que el 16 de enero de 1807 desembarcaron en el puerto del Buceo, que se utilizaba como fondeadero seguro en las navegaciones hacia el sur, y de inmediato se apoderaron de la ciudad de Montevideo.­

Desde Buenos Aires Sobremonte intentó, al igual que en la primera invasión partir hacia Córdoba con la intención de preservar los caudales. El 4 de febrero Liniers ingresó al Cabildo porteño instando a recuperar las tropas españolas situadas en Colonia. Los cabildantes lo designaron a cargo de las fuerzas militares. Una junta general integrada por autoridades y destacados vecinos resolvió destituir y arrestar a Sobremonte. La Real Audiencia invistió al Capitán de Navío Santiago de Liniers y Bremond como virrey interino por ser el oficial de mayor rango. Ante la certeza de una nueva invasión inglesa, Liniers lanzó una proclama exhortando a formar cuerpos de voluntarios, la que encontró eco entusiasta y decidido en la población. El ejército español quedó constituido por 8600 hombres de infantería, caballería, artillería y un batallón de marina.­

En Montevideo Withelocke dejó 2.000 soldados como guarnición de la ciudad y con 9000 hombres y 18 cañones cruzó el río de la Plata desembarcando entre el 28 y el 29 de junio en la ensenada de Barragán. Liniers salió al frente de 7.000 hombres con el propósito de cubrir la línea del Riachuelo, pero la vanguardia inglesa cruzó el río y se interpuso entre sus tropas y la ciudad.­

En un combate en los Corrales de Miserere, Whitelocke derrotó a Liniers, pero el virrey reorganizó sus tropas reuniendo un total de 9.000 milicianos. La Plaza Mayor (actual Plaza de Mayo) se convirtió en el núcleo de la resistencia y se emplazaron cañones en sus ocho entradas, se abrieron trincheras artilladas y se colocaron tropas de Infantería en las azoteas de las casas circunvecinas. El Retiro y la Plaza de Toros fueron defendidos por infantes y marinos.­

En la mañana del 5 de julio Whitelocke ordenó ingresar a Buenos Aires en 13 columnas que desde la actual calle Entre Ríos se dirigirían separadamente hacia el Fuerte y el Retiro. Al penetrar en la ciudad, las que marchaban hacia el Fuerte fueron atacadas desde las azoteas de sus casas por los vecinos no alistados y por mujeres y niños que les arrojaban agua, aceite hirviendo y piedras sacadas del empedrado. El avance inglés se vio severamente entorpecido por esas acciones, por el fuego permanente desde el interior de las viviendas y por las desinteligencias y malos entendidos entre sus comandantes.­


Defensa intacta­

Tras una encarnizada lucha los invasores se apoderaron del Retiro y de la Plaza de Toros. En el sur los ingleses tomaron la manzana comprendida entre las actuales calles Defensa, Balcarce, Humberto I y San Juan. Quedaron dueños de esos puntos, pero fracasaron en el intento de tomar el Fuerte y la Plaza Mayor, donde la defensa permanecía intacta.­

De las columnas inglesas que inicialmente integraron el grupo central cuatro se incorporaron a Achmuty en Retiro, una se rindió en los fondos de la iglesia de la Merced y otra atacó sin éxito la iglesia de San Miguel. Las fuerzas comandadas por el coronel Denis Pack no pudieron avanzar más allá de la actual calle Alsina. Una parte se encerró en la llamada "casa de la Virreina" (en las actuales calles Perú y Belgrano) y se rindió poco después. El resto retrocedió y penetró en el convento de Santo Domingo donde se encontraban Crawfurd y sus tropas. Rodeada la manzana y sometidos a un intenso fuego de fusilería y artillería durante dos horas, ambos jefes se rindieron junto con 47 oficiales y 600 soldados.­

El 6 de julio trascurrió en negociaciones entre ambos bandos. Whitelocke reflexionó sobre la situación crítica de sus tropas frente a la tenacidad y al heroísmo del adversario y al día siguiente, luego que Liniers desestimara un pedido de 24 horas para recoger heridos, aceptó capitular aceptando abandonar Buenos Aires, Montevideo y el estuario del río de la Plata en sesenta días.­

Durante los enfrentamientos las bajas inglesas ascendieron a alrededor de 2.500 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, en tanto que los defensores de Buenos Aires tuvieron 302 muertos y 514 heridos. De regreso en Londres, Whitelocke fue enjuiciado militarmente y condenado a la privación de todo mando, declarándoselo totalmente inepto e indigno de servir a su majestad británica en ninguna clase militar.­

En Latinoamérica muchas ciudades celebraron la victoria porteña con oficios religiosos. Potosí y Oruro obsequiaron al Cabildo de Buenos Aires trofeos de plata y oro. En esta ciudad el regocijo se tradujo en ceremonias oficiales, en la manumisión de setenta esclavos, en la acuñación de medallas conmemorativas y en el cambio de denominación de las principales calles con los nombres de Victoria, Reconquista y los de los héroes de la defensa. Juan Martín de Pueyrredón fue enviado a España para dar cuenta personalmente al rey de la Reconquista.­


Voluntad del pueblo­

Entre las consecuencias que produjo la victoria sobre los ingleses, cabe destacar que por primera vez prevaleció la voluntad del pueblo por encima de la autoridad real cuando mediante el cabildo abierto del 10 de febrero de 1807 depusieron al virrey Sobremonte, hecho excepcional en la historia hispanoamericana­

Por otra parte, la necesidad de la defensa adiestró y disciplinó a los criollos con la creación de nuevas milicias y así les proporcionó armamento, uniformes, equipo y un cuadro de jefes y oficiales que serían en poco tiempo el brazo armado de la Revolución.­

Los nativos adquirieron conciencia de su propio valer y se eliminó prácticamente la discriminación que existía entre españoles y criollos. La convivencia con los oficiales británicos prisioneros en Buenos Aires les hizo comprender los beneficios que representaba para la comunidad un intercambio comercial libre y exento de los perjuicios que causaba a la economía el régimen monopolista impuesto por España.­

Ante el fracaso de sus dos invasiones, Inglaterra modificó su estrategia y en lugar de intentar apoderarse por la fuerza de las colonias sudamericanas se dedicó a apoyar sus aspiraciones emancipadoras como medio eficaz para lograr sus objetivos económicos.­


La autora es licenciada en Historia y miembro de número del Instituto Argentino de Historia Militar.­


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