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Jueves 29 de Septiembre de 2022

Por Esteban Dómina

Padre nuestro que estás en el bronce…

Por Esteban Dómina

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José de San Martín residía en París, en compañía de su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce, y sus dos nietas, Mercedes María y Josefa Dominga. A comienzos de 1848, el movimiento revolucionario que sacudió a Francia persuadió al anciano general de que lo mejor era buscar un sitio más tranquilo para pasar sus últimos días. El lugar elegido fue Boulogne sur Mer, en el norte de Francia, a la vera del Canal de la Mancha.

Poco antes de la mudanza, Mercedes logró convencer a su padre de que posara ante una cámara hasta que su imagen, digna y recia, quedara impresa en la chapa del daguerrotipo. Afortunadamente, uno de los dos daguerrotipos obtenidos aquel día se conserva en el Museo Histórico Nacional (imagen).

En Boulogne alquiló los pisos altos de la residencia señalada con el número 105 de la Grand Rue, con cuyo propietario —el abogado Adolphe Gérard, que ocupaba la planta baja— el prócer entabló una sincera amistad. Llevaba una vida apacible y austera; solía dar largos paseos por la orilla del mar en compañía de sus nietas, con quienes tenía una relación entrañable. "De qué valen estas condecoraciones si no sirven para callar el llanto de un niño", había dicho a Mercedes, cuando eran aún pequeñas, para que no las recriminase por jugar con sus preciadas medallas.

Lo que más lamentaba era no poder leer y escribir como solía hacerlo por la enfermedad de cataratas que lo aquejaba; su hija le leía los periódicos y la correspondencia y escribía las cartas que le dictaba y sus nietas hacían de lazarillos. Sus dolencias crónicas —reuma, gastritis y asma— seguían presentes; casi no frecuentaba a personas ajenas al círculo familiar ni recibía visitantes, salvo a su vecino Gérard.

Su vida se iba apagando lentamente. Cuenta Bartolomé Mitre que, el 6 de agosto de aquel año 1850, salió a recorrer la costa del Canal de la Mancha en carruaje, porque ya casi no caminaba. Fue entonces cuando sufrió alguna dolencia que le hizo llevarse una mano al pecho e interrumpir el paseo. Regresó a su hogar visiblemente desmejorado: "Es la tempestad que llega al puerto", susurró en francés, con apenas un hilo de voz, al oído de Mercedes, que lo recibió consternada y lo ayudo a llegar a sus aposentos.

En los días que siguieron estuvo postrado y casi no probó alimentos. El sábado 17 de agosto, sintiéndose algo mejor, pidió ser trasladado a la habitación contigua, para que le leyeran los periódicos. Allí, rodeado por los suyos, le sobrevino una nueva crisis. Con visible dificultad, pidió a Mariano que lo llevara de regreso a su alcoba, donde expiró a las 3 de la tarde, la hora en que, según se afirma, se detuvieron las agujas del reloj.

"Conservó hasta último momento la lucidez de su ánimo y la energía moral de la que estaba dotado en alto grado", dijo su yerno. Fue velado en esa misma casa. De allí partió el día 20 un reducido cortejo hacia la Catedral de Nuestra Señora de Boulogne, donde quedó depositado el ataúd hasta que, en noviembre de 1861, fue trasladado al panteón familiar en el cementerio de Brunoy, donde se mudaron sus deudos.

En 1844 había escrito de puño y letra su testamento. Además de legar su sable corvo a Juan Manuel de Rosas, expresó el deseo íntimo de que su corazón descansase en Buenos Aires: "Prohíbo que se me haga ningún género de funeral, y desde el lugar en que falleciera, se me conducirá directamente al cementerio, sin ningún acompañamiento, pero sí desearía que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires".

La repatriación de sus restos se cumplió recién en 1880, siendo presidente Nicolás Avellaneda. Domingo Faustino Sarmiento fue el encargado de recibir el féretro que fue depositado en un magnífico mausoleo erigido en una de las capillas laterales de la Catedral de Buenos Aires, donde continúa hasta hoy, custodiado por efectivos del Regimiento de Granaderos a Caballo.

Mercedes falleció en París en 1875, en tanto que su esposo, Mariano Balcarce, murió en 1885. La mayor de las nietas pereció a temprana edad en 1860; en tanto que Josefa Dominga vivió hasta 1924, sin dejar descendencia. Fue ella quien le remitió a Mitre el archivo de su abuelo, que sirvió de fuente para su obra más famosa: la "Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana". También fue Josefa quien, en 1899, envió a la Argentina los muebles del dormitorio del general, que había conservado todos esos años, junto a un croquis para que se los colocara respetando su disposición original, tal como se hallan exhibidos en el Museo Histórico Nacional.

El 24 de octubre de 1909 se inauguró en Boulogne Sur Mer la estatua ecuestre del Gran Capitán, a orillas del brumoso Mar del Norte (imagen). Ese día, tras correr el velo que la cubría, Belisario Roldán pronunció el memorable rezo laico: "Padre nuestro que estás en el bronce…"

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