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La paradoja peruano-argentina de 2026: los técnicos cruzan la frontera mientras los jugadores vuelven a casa

La temporada 2026 elevó la tendencia a su máxima expresión, porque los dos clubes más grandes del país quedaron bajo conducción argentina.

La paradoja peruano-argentina de 2026: los técnicos cruzan la frontera mientras los jugadores vuelven a casa

El fútbol sudamericano vive en 2026 un fenómeno de doble vía que no registra precedentes recientes. Mientras los entrenadores argentinos consolidan un dominio casi absoluto sobre los banquillos de la Liga 1 peruana, los futbolistas peruanos abandonaron en bloque el campeonato argentino en cuestión de semanas, en un contexto donde el interés de los aficionados también se refleja en búsquedas digitales vinculadas al deporte, como el código promocional de Retabet en Perú. Dos corrientes migratorias opuestas que, analizadas en conjunto, dibujan el retrato más preciso del momento que atraviesan ambos mercados.

Una liga con acento argentino

Los números del primer flujo son contundentes. En el arranque de 2026, 10 de los 18 clubes de la primera división peruana estaban dirigidos por entrenadores argentinos, un 55,5% del total de los banquillos. El dato ya venía de un pico histórico: en 2025 la proporción había alcanzado el 72%, con 13 técnicos albicelestes sobre 18 equipos. La contracara es elocuente, porque tras la renuncia de Roberto Mosquera en Sport Huancayo quedó un solo entrenador peruano en toda la categoría, al mando del modesto CD Moquegua.

El origen del fenómeno tiene nombre propio: Ricardo Gareca. La clasificación al Mundial de Rusia 2018, el repechaje hacia Qatar 2022 y el subcampeonato de la Copa América 2019 instalaron una marca de confianza que el mercado peruano sigue pagando casi una década después. La huella llega incluso a la selección, que utilizó al argentino Gerardo Ameli como técnico interino en el amistoso de diciembre ante Bolivia mientras la federación define un proyecto rumbo a 2030.

Cúper y Guede, los dos gigantes en manos albicelestes

La temporada 2026 elevó la tendencia a su máxima expresión, porque los dos clubes más grandes del país quedaron bajo conducción argentina. Alianza Lima anunció a Pablo Guede el 13 de diciembre de 2025, en reemplazo de otro argentino, Néstor Gorosito, y la apuesta rindió de inmediato: el técnico de 51 años, que llegaba golpeado tras un paso flojo por Puebla, conquistó el Torneo Apertura 2026 con una campaña demoledora de 38 puntos, seis de ventaja sobre el segundo y una sola derrota, asegurando el título con una fecha de anticipación. Fue la séptima corona de Apertura para el club en el año de su 125 aniversario, con un plantel donde brillaron Eryc Castillo, Renzo Garcés y Jairo Vélez alrededor del eterno Paolo Guerrero.

Universitario, tricampeón nacional vigente y obsesionado con el tetracampeonato, respondió en mayo con un golpe de mercado inesperado: Héctor Cúper. El técnico de 70 años, con pasado en Valencia, Inter y la selección de Egipto, cerró su llegada en apenas 48 horas tras la salida del español Javier Rabanal. Su arranque, sin embargo, fue áspero. Tres empates consecutivos sin marcar goles sellaron la eliminación del cuadro crema en la fase de grupos de la Copa Libertadores, último del Grupo B con 6 puntos y sin siquiera el consuelo de la Sudamericana. Con el Apertura en manos de Alianza, a Cúper solo le queda un camino para mantener vivo el sueño del tetra: ganar el Clausura y forzar la definición por el título nacional.

El éxodo inverso: los futbolistas dejaron Argentina

Mientras los técnicos viajaban hacia Lima, los jugadores hacían el recorrido contrario. El 7 de enero de 2026, Luis Advíncula rescindió su contrato con Boca Juniors y cerró una etapa de cuatro años y medio con 169 partidos, 6 goles, 14 asistencias y 4 títulos, incluida su noche consagratoria en la final de la Libertadores 2023 en el Maracaná. El lateral de 35 años, relegado por Claudio Úbeda, invocó motivos familiares para volver a su país y firmó con Alianza Lima hasta 2027, con una condición singular impuesta por Boca: durante todo 2026 solo puede jugar en el fútbol peruano.

Bryan Reyna siguió una ruta parecida aunque menos amable. Congelado por Ricardo Zielinski en Belgrano tras una temporada 2025 de 17 partidos sin goles ni asistencias, el extremo no disputó un solo minuto oficial en 2026 y terminó cedido a Universitario el 12 de marzo, con préstamo oneroso y opción de compra por el 80% de su pase. A ellos se sumó el arquero Diego Romero, que dejó Banfield a fines de 2025 para regresar también al club crema. El detalle que redondea la paradoja es notable: los tres repatriados aterrizaron precisamente en los dos equipos dirigidos por técnicos argentinos. Hoy no queda ningún futbolista peruano de relevancia en la primera división argentina.

Las razones de fondo

Detrás de ambos flujos opera la misma crisis. Perú quedó fuera del Mundial 2026 con su peor Eliminatoria del formato actual, apenas 12 puntos sobre 54 posibles y el penúltimo lugar, y cayó hasta el puesto 51 del ranking FIFA. Un fútbol que no exporta talento hacia vitrinas mayores termina repatriando a sus figuras y, al mismo tiempo, comprando afuera la conducción que no produce en casa. La Liga 1 se convirtió así en refugio de jugadores en retirada del exterior y en tierra de oportunidades para entrenadores argentinos de todos los perfiles, desde el pergamino europeo de Cúper hasta la reinvención de Guede.

El Clausura dirá si el experimento alcanza su clímax con un mano a mano entre ambos por la estrella anual. ¿Y ustedes qué creen: este dominio argentino de los banquillos fortalece al fútbol peruano o es el síntoma más visible de su crisis estructural?

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