Plumas, lentejuelas y bordados dieron forma a trajes que no solo destacaron por su estética, sino también por el compromiso y la creatividad de quienes los hicieron posible.
El mismo nivel de entrega se evidenció en cada batucada. El ritmo preciso, la coordinación impecable y la potencia sonora fueron el resultado de intensas jornadas de ensayo y una preparación sostenida en el tiempo. Detrás de cada compás se percibió la disciplina, la pasión y el trabajo colectivo que sostienen el brillo del carnaval.
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