Pese a un repunte en diciembre, el consumo anual no logró revertir la tendencia negativa. El promedio per cápita cayó por debajo de los 16 litros y encendió alertas en una de las economías regionales más emblemáticas del país.
El consumo de vino en Argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados. Según datos oficiales, el consumo per cápita anual cayó a 15,77 litros por persona, el nivel más bajo del que se tenga registro. El repunte de diciembre no alcanzó para cambiar un año que terminó siendo el peor para el mercado interno vitivinícola.
De acuerdo al informe mensual del Instituto Nacional de Vitivinicultura, diciembre mostró una suba interanual del 9,6%, con un consumo total de 644.104 hectolitros. Sin embargo, el balance anual cerró con una caída del 3,2% respecto de 2024, cuando el promedio era de 16,3 litros por habitante.
En el detalle, los vinos sin mención varietal concentraron el 68,1% del volumen en diciembre, mientras que los varietales —aunque con menor participación— crecieron 15,1%. Aun así, en el acumulado de todo 2025 el mercado interno totalizó 7,46 millones de hectolitros, un 2,7% menos que el año anterior.
Sufren las economías regionales
El impacto no es menor para las provincias productoras. La vitivinicultura es una de las economías regionales que más empleo y valor agregado genera en Cuyo y otras zonas del país.
“El mercado interno sostiene entre el 70 y el 75% de la actividad”, advirtió Mario González, presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina, al remarcar que las bodegas ajustaron precios y estrategias “incluso en detrimento de la rentabilidad”.
Detrás de la caída aparecen factores estructurales: ingresos reales ajustados, cambios en los hábitos de consumo y falta de financiamiento. “La competitividad es clave: la carga impositiva y los costos logísticos dificultan mucho el camino”, señaló González, quien reclamó reglas claras y políticas que acompañen a una industria con fuerte arraigo federal.
El desafío hacia adelante no es solo recuperar volumen, sino sostener a miles de productores, cooperativas y bodegas que dependen del consumo interno. En un país donde el vino fue parte de la identidad cultural durante décadas, la pregunta ya no es solo cuánto se toma, sino qué futuro le espera a una de las principales economías regionales de Argentina.
Los números
En números absolutos,el consumo interno de vino fue de 644.104 hectolitros, lo que representó un aumento del 9,2% respecto al mismo mes del año anterior.
Así, el repunte estuvo impulsado principalmente por los vinos sin mención varietal, que concentraron el 68,1% del volumen total, con un crecimiento interanual del 7,1%.
Por su parte, los vinos varietales, con una participación del 27,2%, mostraron una suba más marcada, del 15,1%, mientras que los espumosos crecieron 5,7% y los otros vinos (gasificados, especiales y cóctel) avanzaron 22,7%.
En términos de color, los vinos color -que explicaron el 74,6% del total despachado en diciembre- aumentaron 11%, mientras que los vinos blancos, con el 25,3% de participación, crecieron 4% interanual.
Consumo en 2025
Sin embargo, como se mencionó, si se mira el año completo, el balance es negativo. En el acumulado enero-diciembre de 2025, el mercado interno totalizó 7.459.900 hectolitros, lo que implicó una caída del 2,7% respecto al año anterior.
En ese período, los vinos sin mención varietal retrocedieron 5,2%, los espumosos cayeron 5,1%, mientras que los vinos varietales fueron la excepción, con un crecimiento del 3,4%.
Por color, los vinos blancos bajaron 8,8% y los vinos color apenas descendieron 0,4% en el año.
El mercado interno
Mario González, hasta hace pocos días presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), resaltó en primera instancia la importancia que tiene tiene el mercado interno dentro de la vitivinicultura argentina, algo que no se ve en los países productores.
“Más allá del potencial exportador y de todo lo que se quiere abrir hacia afuera, el mercado interno sostiene gran parte de la actividad: más del 70 o 75%. Y estos números muestran que, a pesar de haber sido un año difícil, las caídas no fueron tan abruptas como las que tuvieron otras actividades del consumo masivo”, destacó.
Para el productor es necesario hacer un paréntesis dentro de la caída, ponderando “el enorme esfuerzo del sector vitivinícola en general, que ajustó al máximo todas las variables, incluso en detrimento de la rentabilidad”.
En este sentido, destacó: “Esa estrategia permite sostener el mercado en el corto plazo, no salir de las góndolas y no perder consumo. Pero cuando deja de ser una estrategia de corto plazo y pasa a ser de mediano plazo, empiezan a aparecer problemas financieros que luego se traducen en problemas económicos. Hay una brecha muy fina en esas decisiones”.
Los desafíos
De cara al futuro, Mario González se mostró optimista, sobre todo por el trabajo de largo plazo hecho por el sector: “Desde hace muchos años el esfuerzo también está puesto en perseguir los objetivos y entender qué está buscando el consumidor. Desde la institución, con una mirada de largo plazo, podemos estar tranquilos de que el diagnóstico sobre hacia dónde había que ir y qué tareas había que hacer para no perder al consumidor siempre estuvo presente. El problema es que una cosa es tener el diagnóstico y otra muy distinta es contar con las herramientas financieras para acompañar ese cambio”.
De todas maneras, reconoció que es necesario mejorar condiciones macroeconómicas: “En Argentina el crédito prácticamente se ha perdido. Los sistemas financieros orientados a los sectores agrícolas y agroindustriales se perdieron hace más de 30 años y cuesta recuperarlos”.
“Hoy empiezan a aparecer algunos indicios positivos, pero todavía estamos lejos: las tasas deberían adecuarse a una actividad que necesita años de gracia y condiciones financieras que vayan de la mano de los resultados del negocio”, añadió.
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