La industria textil argentina atraviesa un momento crítico, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). En octubre de 2025, el uso de la capacidad instalada del sector textil se ubicó en apenas 32,5%, marcando su nivel más bajo en al menos dos años y reflejando la profundización de la crisis productiva que afecta al rubro. El promedio general de la actividad industrial en el país fue de 61%, con una leve caída respecto al 61,1% de septiembre y al 63% registrado en igual mes del año pasado.
Los datos difundidos muestran que la elaboración de hilados de algodón cayó 34,7% interanual, mientras que la fabricación y acabado de textiles retrocedió 34,1% en el mismo período. Este deterioro responde, según analistas del sector, a una combinación de factores como la baja del consumo interno, la fuerte competencia de importaciones —especialmente desde China— y el aumento de los costos productivos.
La crisis textil no es sólo una cuestión de capacidad operativa; también se traduce en cierres de empresas y pérdida de empleo a nivel nacional. De acuerdo con informes privados de la Fundación Pro Tejer, entre diciembre de 2023 y junio de 2025 se habrían cerrado más de 380 empresas del rubro y se perdieron alrededor de 11.500 puestos de trabajo en todo el país.
La Rioja: cierres, despidos y un sector afectado
La caída de la actividad tiene un impacto especialmente duro en provincias como La Rioja, donde la industria textil ha sido históricamente uno de los ejes productivos del parque manufacturero local.
Según registros provinciales y fuentes del sector, desde diciembre de 2023 ya cerraron al menos seis fábricas textiles en la provincia, y más de 700 personas perdieron sus empleos como consecuencia directa del derrumbe del consumo y la contracción de la producción.
Además de los cierres definitivos, en las últimas semanas también se reportaron dos fábricas adicionales que cesaron su actividad en La Rioja, dejando sin empleo a alrededor de 120 trabajadores, en un contexto de baja sostenida en la demanda local y mayores dificultades para sostener costos operativos frente a la entrada de productos importados.
Especialistas señalan que la apertura importadora y la competencia de productos foráneos a precios más bajos han reducido sustancialmente la producción interna, afectando tanto a las grandes empresas como a talleres y pymes que forman parte de la cadena textil. Asimismo, la caída del consumo interno —vinculada a la pérdida de poder adquisitivo— se traduce en menores volúmenes de producción y en dificultades para sostener la actividad fabril.
La industria textil sigue siendo un sector estratégico para la economía nacional y para algunas economías regionales como la riojana, donde la producción y el empleo vinculados a este rubro representan una parte importante del tejido productivo local.
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