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1591 Cultura + Espectáculos LITERATURA

Chapadmalal

"...Usted entenderá Aurora, no es lo mismo que nos presenten en lo de Repessa en el almacén, con Lidia pesando un cuarto de galletitas Boca de Dama, un domingo por la tarde, para tomar mates con mi madre, o que nos presenten en lo de Somale, en la carnicería..."
Diego Pérez

Por Diego Pérez

Mire Aurora, no me es fácil estar sentado frente a la Olivetti tratando de escribirle, primero que nada porque usted no me conoce, o al menos creo que no me conoce, en realidad no nos hemos presentado ni nos han presentado oficialmente, con un formal –Aurora, le presento a Alfredo; Alfredo, ella es Aurora. Eso no ha pasado, aunque no crea que no lo he imaginado, en diferentes escenarios y circunstancias por supuesto.

Usted entenderá Aurora, no es lo mismo que nos presenten en lo de Repessa en el almacén, con Lidia pesando un cuarto de galletitas Boca de Dama, un domingo por la tarde, para tomar mates con mi madre, o que nos presenten en lo de Somale, en la carnicería, donde me la crucé un par de veces y no pude más que bajar la mirada y quedarme medio metido en la cortina de tiras de plástico que el viejo Somale puso en la puerta para que no le entren las moscas, más en estos días de tanto calor el mosquerío está a la orden del día, con decirle que en casa echamos mucho más flit que de costumbre.

Son esas plagas que llegan de tanto en tanto y yo le digo a mi madre que seguro algo bíblico hay en todo esto, como la del año pasado que nos invadieron los ratones voladores, ¡qué espanto!, ¿se acuerda?, bueno, no eran voladores, no tenían alas aunque acá toda la cuadra pensaba que sí y los buscábamos en el aire y resulta que eso fue el chisme que trajo Don Gómez, el vecino que está a mi izquierda, yendo para la Alsina, que no sé para qué le cambiaron el nombre y ahora es Peñaloza, creo que por un caudillo de no sé dónde y nadie entiende nada. Con decirle que el otro día, Roberto, el cartero de toda la vida se fue hasta barrio Cerino, allá en la loma del traste y donde el diablo perdió el poncho. Ya me fui de dónde quería llegar, a veces tengo estas cosas, me voy un poco del hilo de la conversación. Ya me acordé, no sería lo mismo en esos lugares comunes, del barrio, a que de pronto nos presenten en algún bingo del Hotel Argentino o en esas reuniones eternas del Comité, eventos a los que hay que ir un poco mejor vestidos. Vuelvo, le decía de los ratones voladores que no eran voladores, sino que andaban por los árboles, una tragedia, los perros especialmente no podían agarrarlos porque no bajaban, son esos que vinieron en un cargamento de leña de la zona de Tancacha y se hizo un descontrol hasta que de a poco los vecinos los fuimos matando con trampas, podando árboles para que no tengan dónde andar y cosas así.

¡Qué flaca que está la Lidia!, ya que se la mencionaba recién, el otro día me di cuenta porque ya arrancó con la ropa de verano y se le ve en los brazos, piel y huesos esa mujer, para mí que son los disgustos que le da el viejo Repessa, que anda siguiendo cuanta chinita pasa por la esquina y lo de la Mercedes, la hija, que pintaba para médica y ahora remienda ropa usada en el tallercito de costura de los Paredes, acá a un par de cuadras. Pero le decía que imaginé mil veces ese momento, yo mirándola a los ojos en el momento que nos presentan, usted sonriendo con timidez y bajando levemente la mirada ofreciéndome la mano para que le deje mi beso. Mire Aurora, lo pienso y le juro que se me pone la piel de gallina, hasta le estoy pegando más fuerte a la letra a, que le tengo que dar con el meñique, para algo sirvieron esos años yendo a aprender mecanografía en lo de la Alcira, creo que ya no enseña más, andaba algo enferma del reuma y sé, por lo que le dijo una vecina a mi tía Niñina, que andaba con algo de cataratas también y los mal llevados de los hijos no la acompañaban a verlo al oculista, aunque parezca una broma de mal gusto, ver, lo que se dice ver, no va a ver, ni al oculista ni a nadie, usted sabrá dispensar ese momento de humor fuera de lugar. Hasta tuve el atrevimiento de imaginar el momento posterior al que nos presenten, por supuesto que evito imaginar que nos presente una vecina comedida en la carnicería entre achuras, bofe y los bolsones de huesos para los perros, hablando de carne, Aurora, ¿vio qué caro que está todo?, imposible comprarle al viejo miserable de Somale, es un abusivo. En fin, ahí no, menos que menos con el viejo mirando todo y la hija relojeando desde la caja. Le decía que imaginaba ese momento después, cuando el que nos presente nos deje solos, con un toque de complicidad.

Si me pregunta, prefiero mil veces el bingo, porque en el Comité la cosa se pondría algo complicada para charlar, siempre están los viejos metidos y ni hablar de la comisión de damas, no nos darían un respiro, nos acribillarían a preguntas y si llega doña Esmer, nos va a preguntar a qué escuela vamos a mandar los chicos. Creo que esa parte no le dije Aurora, no sé si es conveniente ya, pero me gustaría tener un par de hijos, varones en lo posible o la parejita, uno y uno, seguiditos, así los vamos criando juntos y listo.

Pero no me quiero ir del tema, decía que prefiero el bingo, porque nos podríamos sentar en una de las mesas que da al ventanal por la Fray Justo Santa María de Oro, tendríamos una buena vista de la calle, no de la Libertad que es un caos a esa hora que se hace el bingo los domingos, que todo el mundo sale a pasear, sino algo más tranquilo por la callecita del costado. Además son mesas de 6 esas y por lo general no están completas. Le podría pedir a los chicos de la cocina una sanguchitos de esos triples, no los grandes, sino esos especiales que tienen para las grandes ocasiones, con ananá, palmitos y roquefort, como los que sacaron cuando vino Alfonsín el mes pasado. Me deben unos cuantos favores, no se olvide Aurora que soy bancario y ellos cobran en el banco que yo trabajo y siempre los hago pasar aparte cuando van a cobrar.

Lo que si me tiene un poco preocupado Aurora, no se lo niego, al no conocerla, es sobre qué temas podríamos hablar, tengo un papelito con varios temas anotados, para no perderme tanto y que nos quedemos callados. Uno de esos temas es preguntarle por las vacaciones, yo por la bancaria tengo los hoteles de Embalse gratis, y con un poco de suerte están los de Chapadmalal, pero eso deberíamos decidirlo ya nomás, porque se llena el cupo con mucha anticipación. Es algo que no se puede dejar para más adelante. El otro tema es que deberíamos vivir en lo de mi madre, ella no tiene problemas, es más, el otro día ya le fui anticipando algo, como para no agarrarla por sorpresa. Lo más seguro Aurora es que le pida que deje de trabajar, la casa no es grande, pero tiene sus tiempos, además hay que ocuparse de mi madre y ni hablar cuando estén los chicos, espero que sepa entender, por supuesto que yo cubro todos los gastos y hasta le dejaría unos pesitos para que compre sus cosas.

¡Ahh!, las fiestas Aurora, sé que usted tiene una familia más grande que la mía, no tendríamos inconveniente de pasar las fiestas junto a la suya, siempre llevando a mi madre, por supuesto. Ella casi no genera gastos y se va a dormir temprano, con decirle que la última Navidad la tuvimos que despertar con la tía Niñina para que brinde. Como verá Aurora son muchos temas para ir charlando, en realidad ya están definidos, solo tendría que darme su parecer, que sé que seguro será a favor de lo que le planteo. ¡Ay Aurora! Usted siempre tan comprensiva y dulce, no esperaba menos. Tengo que dejarla ahora, ya van 2 hojas la cinta negra de la Olivetti se va mezclando con la roja, tengo que cambiarla y aprovecho la pausa para darle los remedios a mi madre. Atte. suyo.

Usted sabrá disculpar Aurora, pero las peripecias de estas máquinas de escribir a veces escapan a lo que uno desea, recién hace un rato pude conseguir la cinta para poder seguir escribiendo. Si, ya sé, usted seguramente se preguntará por qué no escribo a mano, entiendo su inquietud, pero créame que la pondría en un aprieto terrible, mi caligrafía es un verdadero desastre. Imagino su insistencia casi, casi, como una súplica para que no me lo tome tan a la tremenda, entiendo su gesto y casi que le doy con el gusto, pero me voy a mantener firme en mis trece y no caeré en la tentación de hacerlo a mano, huiría espantada y no es justamente lo que deseo lograr.

Hoy me pareció verla a la distancia, doblando por la mercería de los Raimondo, pasaditas las 18, usted vio que a esa hora el sol va cayendo y yendo para el lado del campo no se ve mucho, así que me quedaré con el derecho de la duda. Digo que me pareció porque llevaba, si mal no vi, esa pollerita corta, arriba de la rodilla, esa verde agua que le queda tan linda, algo atrevida, pero en estos días eso es moneda corriente. Imagino que después que nos casemos dejará esas prendas de lado, no soy de pedir mucho, me alcanza con el recato que supone un vestido que caiga por debajo de las rodillas y un saquito de hilo sobre los hombros. Hablando de eso, creo que lo ideal sería casarnos en la iglesia de San Martín de Porres, la del santo de la escoba, que la arreglaron toda y quedó bastante linda y pintoresca. Por la fiesta no se preocupe, está todo listo, ya estuve viendo algunas opciones y precios en La Tablita, para una especie de recepción y cena, nada ostentoso Aurora, son tiempos complicados con esto del cambio de moneda del peso al Austral. De paso le digo que estuve con Norma, la modista, le estuve adelantando algo, espero que no se moleste Aurora, me atreví a elegir el diseño del vestido que llevará esa noche, uno simple, blanco, con algunos detalles y voladitos y un tocado en el peinado que con su pelo rubio quedará de maravillas. Yo llevaré el traje que guardo para ocasiones especiales, ese negro con la camisa blanca y la corbata azul marino, sobrio y elegante. Me queda ver lo de los anillos y la previa que significa el compromiso, con el cintillo y alguna otra cosita, creo que estaría bien invitar a algunos amigos, unos pocos, los que se dicen los íntimos y lo podríamos hacer en casa, así mi madre no tiene que estar yendo y viniendo. Para la fiesta, la verdad que estoy dudando, no sé si invitaremos a unas 50 o 60 personas y la luna de miel yo decía de posponerla y festejamos directamente todo en el verano en los hoteles de Embalse o Chapadmalal, como le dije ayer.

Alguien toca el timbre Aurora, debo dejarla, mañana seguiré estas líneas, quiero enviarle todo junto, porque ya veo que si nadie nos presenta finalmente deberé hacerlo yo con estas líneas.

Aurora, me deja usted sin palabras, no puedo dar crédito a lo que vieron mis ojos esta mañana. Salí temprano a comprar bizcochitos con azúcar a lo de Barachi, en una hora que habitualmente no salgo, porque aprovecho el sábado para remolonear un poco más en las sábanas, pero hoy estaba de buen ánimo y me dije, por qué no unos bizcochitos para el mate y de paso la pongo al corriente a mi madre sobre todas las novedades de nuestro casamiento. Pero grande fue mi sorpresa al salir de la panadería la vi doblando la esquina tomada de la mano con el hijo menor de los Osés, el tal mentado Fernando, que tiene la casa de ropa de deportes por la Savio. Al principio, permítame que le diga Aurora, pensé que no era usted, que la vista me había fallado, pero después cuando cruzaron la calle y se subieron a su auto, si, vi que era usted, tan alegre, risueña, hermosa, predispuesta a las galanterías de ese Don Juan improvisado, del que dicen, tiene una novia en Almafuerte desde hace ya unos años. Pero volviendo a usted Aurora, no puedo menos que mostrarle todo mi enojo y mi indignación, prácticamente me deja en el altar, con algunas cosas ya pagadas, incluso el tío Lito que está en Mendoza ya estaba viendo la forma para venir a la fiesta. Aurora, se lo digo con altura, es usted una descocada desconsiderada. Ha roto mi corazón, cómo voy a decirles a los muchachos de la bancaria que no habrá casamiento, esas cosas no se hacen Aurora.

No se preocupe Aurora, aún estamos a tiempo de encarrilar lo nuestro, esos deslices ocurren, la juventud, las luces de un negocio nuevo y muchas cosas más, pero como ahora tendrá un tiempo a solas sin este tal Osés, seguro podremos conocernos de la manera que lo imaginamos y darle rienda suelta a nuestro amor. Hoy seré breve Aurora, espero verla mañana después de llevar el Chevy que era de mi padre al taller, creo que rompí un faro cuando sin darme cuenta atropellé alguien esta mañana en la esquina de la Savio y la Irigoyen. Si me pregunta un poco, estaba algo oscuro aún y esta persona estaba por subir a su auto. Es raro, tenían la altura y el porte de alguien que me resulta conocido, no sé quién habrá sido. Igual no me detuve a ver, esas cosas son una complicación y no quiero que nada ni nadie nos vaya a poner palos en la rueda para ir a conocer Chapadmalal.

EL AUTOR

Diego Pérez
Diego Pérez

DIEGO PÉREZ ES LICENCIADO EN COMUNICACIÓN SOCIAL, CORDOBÉS DE NACIMIENTO Y RIOJANO POR ADOPCIÓN. ASIDUO LECTOR DE AUTORES COMO SACHERI, DOLINA, CORTÁZAR, ECO, ENTRE OTROS TANTOS. FUE PREMIADO Y PUBLICADO EN ANTOLOGÍAS LATINOAMERICANAS EN DIFERENTES OPORTUNIDADES, EN LAS QUE PARTICIPÓ CON CUENTOS Y POEMAS. HA SIDO PUBLICADO EN DIARIOS Y PÁGINAS WEB DE DIFERENTES PROVINCIAS. TRABAJÓ EN MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE CÓRDOBA Y LA RIOJA Y ES ADEMÁS ASESOR EN COMUNICACIÓN POLÍTICA CON UN POSGRADO EN LA UCA. ACTUALMENTE SE DEDICA A LA COMUNICACIÓN GUBERNAMENTAL.

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