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1591 Cultura + Espectáculos LITERATURA

Julián, el chico que no reza

"...Todos concentrados mirando a Julián y observando el fuego centelleante en los ojos de la directora, que parada del otro lado del patio, se crispaba como lechuga y se le ponían los nervios de punta..."
Diego Pérez

Por Diego Pérez

Hacía frío ese martes en la escuela. En la formación habitual de cada mañana para izar la bandera las narices se ponían coloradas por efecto del aire helado. Los más friolentos subían bufandas y cuellos polares hasta casi tapar los ojos. En eso estaba Clarita, una pecosa regordeta del 5º B, tratando de acomodar la montura de sus lentes por encima de una bufanda lanuda roja y verde, que le había tejido su abuela y poco tenía que ver con el uniforme de la escuela. En realidad a ella esas cosas le importaban poco y nada, pese a que la vez que cayó a educación física con unas zapatillas violetas, a la directora que la pescó justito, justito, se le atragantó el mate con criollitos que se estaba tomando en el pasillo, frente a la sala de maestros. Clarita respiró hondo, exhaló y el aire caliente de sus pulmones le empañó los cristales de los lentes.

- Me cache en die- dijo Clarita y se los sacó para limpiarlos. Mientras buscaba el pañuelito en el bolsillo de su campera verde, para nada combinable con el marrón del uniforme, se le acercó Laurita, que tuvo que bajar la cabeza para hablarle al oído porque es la más alta del grado y vive bastante acomplejada por eso, además de los frenillos que no la dejan comer con comodidad.

- Lo hará otra vez, hoy se cumple el año- susurró al oído.

Clarita pegó un salto, primero porque no veía nada sin los lentes, después porque no sabía quién le estaba hablando, y después porque no entendía de qué le estaban hablando. En realidad Clarita no entendía mucho que digamos de cualquier cosa y eso le costaba los buenos retos de la madre, que vivía alterada por las notas algo bajas, como medias en recreo, que le traía Clarita. Un día Clarita le llevó un 4 en matemáticas y a la madre, del patatús que le dio, le salieron 24 canas nuevas y dos arrugas al lado de la nariz.

- ¿Qué cosa?, ¿quién?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿el cumple de quién? – preguntó Clarita, que se había puesto los lentes otra vez y la miraba de abajo hacia arriba a Laurita.

- ¡Uh nena!- le rezongó Laurita, - Julián, de Julián te hablo-

- ¿Julián?, ¿qué Julián?

- ¡Ahhhhhhhhh!- Laurita estaba colorada ya y no del frío. – ¡no entendés nada, de Julián te hablo, zoquete, nuestro compañero de quinto grado!

- Ahhhh, me hubieras dicho antes- largó Clarita y a Laurita se le atragantó el chicle que estaba comiendo desde las 7 de la mañana, que dicho sea de paso, ya no tenía más juguito.

- ¿Y qué va a hacer el Juli?, preguntó desorientada Clarita.

- ¡Vos me querés matar!, gritó Laurita y ya la miraban feo y de reojo en media escuela porque no dejaba cantar la marcha de Aurora como es debido. La trenza cosida que tenía desde la noche ya se le estaba deshilachando toda. –¡No rezará, no va a rezar, como todas las mañanas!- le estampó en el oído a velocidad supersónica.

- Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh- se escuchó desde las filas de mando.

- Y forma estela, al purpurado cielooooo -entonó Clarita para disimular y fue peor, porque iban por otra parte, -el ala es paño, el águila es bandera- desafinó.

Chelo, que estaba justo al lado de las chicas, lo escuchó medio de rebote, algo muy difícil para él, porque tiene un corte de pelo al estilo taza, que le deja los oídos tapados y la mitad de las veces no escucha nada de lo que le dicen.

Ni lerdo ni perezoso, Chelo lo largó y se hizo una bola de nieve, que arrancó en la fila de 5º grado y dio la vuelta a todo el colegio, como la ola de las canchas de fútbol, hasta volver otra vez donde estaban Clarita y Laurita.

Pía la codeó a Laurita y le dijo – no va a rezar-

Y Laurita se desarmó la trenza a tirones mientras gritaba -¿por qué a mí? ¡Ahhhhhhhhhh! y se fue de la fila, no sin antes pegarle el chicle a Pía en la capucha de su campera, de puro mal llevada que era nomás.

Y llegó el final de Aurora, asesinada por los chicos como cada mañana y llegaba el momento del rezo, habitual porque era un colegio religioso.

De pronto se hizo un silencio sepulcral y todos los miraron al famoso Julián. El tipo era ya una leyenda en la escuela. Todas las mañanas se rebelaba frente al sistema, de la manera que podía hacerlo desde sus 10 años.

Julián era un flacuchento, pelo corto, sonrisa picarona, pero a las 8 de la mañana se ponía serio como conductor de noticiero para decir que perdía River. Se paraba en la formación y después de Aurora, antes del rezo, daba un paso atrás y se cruzaba de brazos, ante la mirada atónita de todos sus compañeros de grado y de toda la escuela, que ya lo tenía como el héroe total.

- ¡Lo hizo, lo hizo!, dijeron los que estaban más cerca y la noticia se disparó veloz y en un santiamén, ya todos los chicos rezaban vaya a saber bien uno que cosa, pero no se les entendía nada.

Todos concentrados mirando a Julián y observando el fuego centelleante en los ojos de la directora, que parada del otro lado del patio, se crispaba como lechuga y se le ponían los nervios de punta.

- ¡Este mocoso no me va a ganar!, ¡lleva como un año sin un solo rezo, por los clavos de Cristo!- se escandalizó la directora.

Y si, justamente Julián llevaba ese martes un año entero sin rezar. La directora, como buena docente, no pudo soportar tremendo desafío.

- ¡Ya le voy a dar a este petiso!, va a soplar las velitas del año sin rezar a puro Ave María!- gritó la directora, se persignó, tiró un –por Jesús, María y José- y se vino patio atraviesa, como podía, porque los tacos no la dejaban ir muy ligero.

Cuando la directora llegó al otro lado del patio, los chicos no se corrieron. Acababan de terminar de rezar y ya no había pruebas que involucraran a Julián, que se acomodaba el gorro con orejeras y se subía la bufanda. Y entrecerraba los ojitos por el fresco de la mañana en una expresión al estilo perro que ha volteado la olla.

La directora insistió en pasar y los chicos cerraron filas. Un corajudo petiso de sexto, envalentonado por el anonimato gritó: - ¡no pasará!-

- Callate Ricardo – bramó la directora, ya totalmente indignada y el petiso se acordó que tenía una voz finita como ninguna y era totalmente reconocible a la distancia.

- ¡Estoy fregado!- exclamó, - eso me pasa por comedido, ¿quién me manda?- y se fue de una al aula, a ver si en la trifulca todo se olvidaba.

A todo esto la directora seguía intentando abrirse paso, cuando llegó la explosión de júbilo de todo el alumnado. Revolearon gorros, banderas y vinchas y parecía un partido de la selección más que otra cosa.

Clarita, como siempre, perdida de todo, preguntó: - ¿gol de quién?, ¿es el mundial otra vez?- Laurita no aguantó más y le metió un coscacho desde atrás y desde arriba, que era obligado por su altura y le hizo volar la chula al medio del patio, a la vez que gritaba otra vez- ¿por qué a mí?, ¿qué hice yo?

La cosa estaba clara, mientras la directora trataba de acercarse a Julián, llegó la confirmación, vía mail y de mensaje de texto para el propio Julián, que acababa de completar el reto de Rubius, el youtuber. Un año sin rezar si vas a colegio católico. Alguien confirmó con el youtuber gallego la hazaña de Julián y este respondió al toque.

El resto ya es historia, y leyenda. A Julián, como en las películas ochentosas, lo sacaron en andas de la escuela, el alumnado a pleno, desde los más gurrumines de primer grado, que no entendían nada, como Clarita, pero que les encantaba dar una vueltita a la manzana, hasta los de 7º, que le prometieron hacerle espacio en el quiosco durante un mes para que compre la merienda sin que nadie lo moleste.

De la directora nadie se acuerda, se dice que cuando la felicitaron a ella también por la hazaña de Julián, se puso tan contenta que dijo que fue idea suya, que iría a decirle hasta al ministro de Educación de este nuevo logro de los educandos riojanos. Ustedes ya saben cómo son las directoras, un poquito exageradas.

Esa noche Julián se durmió feliz, con una sonrisa de oreja a oreja, medio enlatada por efecto del aparato que le hacía usar la odontóloga todas las noches, mientras Clarita, la pecosa regordeta buscaba en Google contra quien había jugado Argentina esa mañana.

EL AUTOR

Diego Pérez
Diego Pérez

DIEGO PÉREZ ES LICENCIADO EN COMUNICACIÓN SOCIAL, CORDOBÉS DE NACIMIENTO Y RIOJANO POR ADOPCIÓN. ASIDUO LECTOR DE AUTORES COMO SACHERI, DOLINA, CORTÁZAR, ECO, ENTRE OTROS TANTOS. FUE PREMIADO Y PUBLICADO EN ANTOLOGÍAS LATINOAMERICANAS EN DIFERENTES OPORTUNIDADES, EN LAS QUE PARTICIPÓ CON CUENTOS Y POEMAS. HA SIDO PUBLICADO EN DIARIOS Y PÁGINAS WEB DE DIFERENTES PROVINCIAS. TRABAJÓ EN MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE CÓRDOBA Y LA RIOJA Y ES ADEMÁS ASESOR EN COMUNICACIÓN POLÍTICA CON UN POSGRADO EN LA UCA. ACTUALMENTE SE DEDICA A LA COMUNICACIÓN GUBERNAMENTAL.

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